El fenómeno Nantucket: hacia una sociedad de ciudades postalilla

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Cada vez más ciudades conservan su patrimonio, pero pierden las actividades y las comunidades que les dieron identidad. A este proceso lo denominamos fenómeno Nantucket.

En uno de los primeros capítulos de Moby Dick (1851), Herman Melville describe Nantucket como una pequeña isla situada frente a las costas de Massachusetts cuya población, «nacida en una playa», hizo del mar su forma de vida. La elección del escenario no fue casual. Durante los siglos XVIII y XIX, Nantucket constituyó uno de los principales centros balleneros del mundo y la pesca de la ballena organizaba prácticamente todos los aspectos de la vida insular. No era solo la principal actividad económica; alrededor de ella se articulaban el comercio, la construcción naval, los oficios auxiliares, la estructura social e incluso la identidad de la comunidad.

Dos siglos después, Nantucket continúa siendo un lugar de extraordinaria belleza. Conserva buena parte de su patrimonio arquitectónico y sigue evocando el pasado ballenero que la hizo célebre. Sin embargo, la actividad que dio origen a aquella sociedad ha desaparecido casi por completo. La economía gira hoy alrededor del turismo, las segundas residencias y un mercado inmobiliario orientado a rentas muy elevadas. Permanece el escenario; la comunidad que lo hizo posible ha cambiado profundamente.

Esta transformación da nombre al fenómeno Nantucket: el proceso por el cual un territorio conserva buena parte de su patrimonio material mientras pierde progresivamente la actividad económica que históricamente estructuró su identidad colectiva (Membiela-Pollán et al., 2025). El cambio no consiste únicamente en la sustitución de un sector productivo por otro, sino en la alteración de un entramado económico, social y cultural construido durante generaciones. Desaparecen oficios, se debilitan formas de cooperación, se interrumpe la transmisión de conocimientos y el territorio comienza a modificar el significado que tenía para quienes lo habitan.

Naturalmente, este fenómeno no responde a una única causa. La identidad territorial se configura mediante un conjunto de factores que interactúan entre sí. La globalización ha favorecido la difusión de determinados estilos de vida y patrones de consumo compartidos (Albrow, 1990), aunque ello no ha supuesto una homogeneización cultural plena. Como señalaron Hall (1997) y posteriormente Preyer (2016), el proceso combina tendencias de estandarización con dinámicas de hibridación, en las que algunas culturas amplían su capacidad de influencia mientras otras ven debilitados parte de sus referentes tradicionales. A ello se suman la urbanización, el envejecimiento poblacional y las importantes transformaciones demográficas, las migraciones, la creciente influencia de los medios de comunicación (Castells, 2009) y el debilitamiento del capital social (Putnam, 2000; Pena-López y Membiela-Pollán, 2025).

Sin embargo y como señalamos, uno de los factores que, a nuestro juicio, ha recibido menor atención por sus efectos sobre la identidad territorial es el cambio económico. Determinadas actividades productivas desempeñan una función estructuradora que trasciende ampliamente su aportación al empleo o a la riqueza. Organizan el territorio, generan redes de cooperación, transmiten conocimientos especializados y terminan formando parte de la memoria colectiva de una comunidad. Como ya advirtió Karl Polanyi (1944), la economía nunca funciona al margen de la sociedad, sino profundamente integrada en ella. Cuando una actividad económica desaparece, no solo se transforma la estructura productiva; también cambia la relación que una comunidad mantiene con su propio espacio.

Aunque el fenómeno Nantucket encuentra en Galicia uno de sus ejemplos más expresivos, donde el progresivo debilitamiento de la actividad pesquera ilustra con claridad este proceso, está lejos de limitarse al ámbito pesquero. Procesos similares pueden observarse, con distinta intensidad, en numerosos territorios occidentales. Venecia ha visto cómo la pérdida sostenida de población residente y la creciente especialización turística han modificado profundamente la vida cotidiana de su centro histórico. Oporto ha experimentado una intensa rehabilitación urbana acompañada de una transformación de muchos de sus usos tradicionales. Del mismo modo, antiguas ciudades industriales, regiones agrícolas o cuencas mineras conservan gran parte de su patrimonio físico mientras las actividades que durante generaciones dieron sentido a esos paisajes ocupan hoy un lugar muy diferente. Ninguno de estos casos reproduce exactamente Nantucket, pero todos presentan algunos de los rasgos que caracterizan el proceso aquí descrito.

Es precisamente en este contexto donde comienzan a emerger las ciudades postalilla (Membiela-Pollán et al., 2025). Se trata de ciudades que conservan buena parte de su patrimonio arquitectónico y de la imagen histórica que las hizo reconocibles, pero donde el patrimonio vivo se debilita progresivamente. Los edificios permanecen, pero desaparece el tejido empresarial propio; el paisaje apenas cambia, pero cambian quienes lo habitan y la forma en que lo viven. Las actividades económicas que dieron personalidad al territorio ceden protagonismo a otras orientadas principalmente al visitante, mientras la vida cotidiana se transforma silenciosamente. La ciudad sigue siendo reconocible, pero deja de ser plenamente auténtica, porque la identidad ya no se construye principalmente desde la vida cotidiana de quienes la habitan, sino desde la representación de aquello que fue.

Referencias

Albrow, M., & King, E. (Eds.). (1990). Globalization, knowledge and society: Readings from international sociology. Sage.

Castells, M. (2009). Communication Power. Oxford University Press.

Hall, S. (1997). The local and the global: Globalization and ethnicity. In A. D. King (Ed.), Culture, globalization, and the world-system: Contemporary conditions for the representation of identity (pp. 19-39). University of Minnesota Press.

Melville, H. (1851). Moby-Dick; or, The whale. Harper & Brothers.

Membiela-Pollán, M., Teixeira, S., Sánchez-Amboage, E., & Crespo-Pereira, V. (2025). El peligro del fenómeno Nantucket: actividad pesquera en Galicia: economía de la identidad, marketing social y políticas públicas. Aranzadi. Anuario de estudios marítimos4, 201-237.

Pena-López, A., & Membiela-Pollán, M. (2025). Economics of social relations: Critical perspectives on social capital. Routledge.

Polanyi, K. (1944). The great transformation. Rinehart.

Putnam, R. D. (2000). Bowling alone: The collapse and revival of American community. Simon and Schuster.

El fenómeno Nantucket: hacia una sociedad de ciudades postalilla

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Cada vez más ciudades conservan su patrimonio, pero pierden las actividades y las comunidades que les dieron identidad. A este proceso lo denominamos fenómeno Nantucket.

En uno de los primeros capítulos de Moby Dick (1851), Herman Melville describe Nantucket como una pequeña isla situada frente a las costas de Massachusetts cuya población, «nacida en una playa», hizo del mar su forma de vida. La elección del escenario no fue casual. Durante los siglos XVIII y XIX, Nantucket constituyó uno de los principales centros balleneros del mundo y la pesca de la ballena organizaba prácticamente todos los aspectos de la vida insular. No era solo la principal actividad económica; alrededor de ella se articulaban el comercio, la construcción naval, los oficios auxiliares, la estructura social e incluso la identidad de la comunidad.

Dos siglos después, Nantucket continúa siendo un lugar de extraordinaria belleza. Conserva buena parte de su patrimonio arquitectónico y sigue evocando el pasado ballenero que la hizo célebre. Sin embargo, la actividad que dio origen a aquella sociedad ha desaparecido casi por completo. La economía gira hoy alrededor del turismo, las segundas residencias y un mercado inmobiliario orientado a rentas muy elevadas. Permanece el escenario; la comunidad que lo hizo posible ha cambiado profundamente.

Esta transformación da nombre al fenómeno Nantucket: el proceso por el cual un territorio conserva buena parte de su patrimonio material mientras pierde progresivamente la actividad económica que históricamente estructuró su identidad colectiva (Membiela-Pollán et al., 2025). El cambio no consiste únicamente en la sustitución de un sector productivo por otro, sino en la alteración de un entramado económico, social y cultural construido durante generaciones. Desaparecen oficios, se debilitan formas de cooperación, se interrumpe la transmisión de conocimientos y el territorio comienza a modificar el significado que tenía para quienes lo habitan.

Naturalmente, este fenómeno no responde a una única causa. La identidad territorial se configura mediante un conjunto de factores que interactúan entre sí. La globalización ha favorecido la difusión de determinados estilos de vida y patrones de consumo compartidos (Albrow, 1990), aunque ello no ha supuesto una homogeneización cultural plena. Como señalaron Hall (1997) y posteriormente Preyer (2016), el proceso combina tendencias de estandarización con dinámicas de hibridación, en las que algunas culturas amplían su capacidad de influencia mientras otras ven debilitados parte de sus referentes tradicionales. A ello se suman la urbanización, el envejecimiento poblacional y las importantes transformaciones demográficas, las migraciones, la creciente influencia de los medios de comunicación (Castells, 2009) y el debilitamiento del capital social (Putnam, 2000; Pena-López y Membiela-Pollán, 2025).

Sin embargo y como señalamos, uno de los factores que, a nuestro juicio, ha recibido menor atención por sus efectos sobre la identidad territorial es el cambio económico. Determinadas actividades productivas desempeñan una función estructuradora que trasciende ampliamente su aportación al empleo o a la riqueza. Organizan el territorio, generan redes de cooperación, transmiten conocimientos especializados y terminan formando parte de la memoria colectiva de una comunidad. Como ya advirtió Karl Polanyi (1944), la economía nunca funciona al margen de la sociedad, sino profundamente integrada en ella. Cuando una actividad económica desaparece, no solo se transforma la estructura productiva; también cambia la relación que una comunidad mantiene con su propio espacio.

Aunque el fenómeno Nantucket encuentra en Galicia uno de sus ejemplos más expresivos, donde el progresivo debilitamiento de la actividad pesquera ilustra con claridad este proceso, está lejos de limitarse al ámbito pesquero. Procesos similares pueden observarse, con distinta intensidad, en numerosos territorios occidentales. Venecia ha visto cómo la pérdida sostenida de población residente y la creciente especialización turística han modificado profundamente la vida cotidiana de su centro histórico. Oporto ha experimentado una intensa rehabilitación urbana acompañada de una transformación de muchos de sus usos tradicionales. Del mismo modo, antiguas ciudades industriales, regiones agrícolas o cuencas mineras conservan gran parte de su patrimonio físico mientras las actividades que durante generaciones dieron sentido a esos paisajes ocupan hoy un lugar muy diferente. Ninguno de estos casos reproduce exactamente Nantucket, pero todos presentan algunos de los rasgos que caracterizan el proceso aquí descrito.

Es precisamente en este contexto donde comienzan a emerger las ciudades postalilla (Membiela-Pollán et al., 2025). Se trata de ciudades que conservan buena parte de su patrimonio arquitectónico y de la imagen histórica que las hizo reconocibles, pero donde el patrimonio vivo se debilita progresivamente. Los edificios permanecen, pero desaparece el tejido empresarial propio; el paisaje apenas cambia, pero cambian quienes lo habitan y la forma en que lo viven. Las actividades económicas que dieron personalidad al territorio ceden protagonismo a otras orientadas principalmente al visitante, mientras la vida cotidiana se transforma silenciosamente. La ciudad sigue siendo reconocible, pero deja de ser plenamente auténtica, porque la identidad ya no se construye principalmente desde la vida cotidiana de quienes la habitan, sino desde la representación de aquello que fue.

Referencias

Albrow, M., & King, E. (Eds.). (1990). Globalization, knowledge and society: Readings from international sociology. Sage.

Castells, M. (2009). Communication Power. Oxford University Press.

Hall, S. (1997). The local and the global: Globalization and ethnicity. In A. D. King (Ed.), Culture, globalization, and the world-system: Contemporary conditions for the representation of identity (pp. 19-39). University of Minnesota Press.

Melville, H. (1851). Moby-Dick; or, The whale. Harper & Brothers.

Membiela-Pollán, M., Teixeira, S., Sánchez-Amboage, E., & Crespo-Pereira, V. (2025). El peligro del fenómeno Nantucket: actividad pesquera en Galicia: economía de la identidad, marketing social y políticas públicas. Aranzadi. Anuario de estudios marítimos4, 201-237.

Pena-López, A., & Membiela-Pollán, M. (2025). Economics of social relations: Critical perspectives on social capital. Routledge.

Polanyi, K. (1944). The great transformation. Rinehart.

Putnam, R. D. (2000). Bowling alone: The collapse and revival of American community. Simon and Schuster.